Oda vi



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Oda vi
       

¡Cómo se van las horas,               
y tras ellas los días
y los floridos años
de nuestra frágil vida!               
La vejez luego viene,
del amor enemiga,
y entre fúnebres sombras               
la muerte se avecina,
que escuálida y temblando,
fea, informe, amarilla,               
nos aterra, y apaga
nuestros fuegos y dichas.
El cuerpo se entorpece,               
los ayes nos fatigan,
nos huyen los placeres
y deja la alegría.               
Si esto, pues, nos aguarda,
¿para qué, mi Dorila,
son los floridos años               
de nuestra frágil vida?
Para juegos y bailes
y cantares y risas               
nos los dieron los cielos,
las Gracias los destinan.
Ven ¡ay! ¿qué te detiene?               
Ven, ven, paloma mía,
debajo de estas parras
do leve el viento aspira;               
y entre brindis süaves
y mimosas delicias
de la niñez gocemos,               
pues vuela tan aprisa.