Millonarios



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Millonarios
       

Tómame de la mano. Vámonos a la lluvia
descalzos y ligeros de ropa, sin paraguas,
con el cabello al viento y el cuerpo a la caricia
oblicua, refrescante y menuda, del agua.

              

¡Que rían los vecinos! Puesto que somos      jóvenes
y los dos nos amamos y nos gusta la lluvia,
vamos a ser felices con el gozo sencillo
de un casal de gorriones que en la vía se arrulla.

              

Más allá están los campos y el camino      de acacias
y la quinta suntuosa de aquel pobre señor
millonario y obeso, que con todos sus oros,

              

no podría comprarnos ni un gramo del      tesoro
inefable y supremo que nos ha dado Dios:
ser flexibles, ser jóvenes, estar llenos de amor.