Tus ojos son el más verde de los desiertos
Tus ojos son remolinos en las arenas
de todas las civilizaciones perdidas;
despaciosas caravanas de la pena
desfilando bajo un cielo sin salida.
Conviertes en oro los espejos,
pero es un espejismo tu mirada,
repleta de despojos de sueños
como osamentas blanqueadas.
Eres una tormenta en mi voluntad,
-el pasado que no pasa, que no cesa-
mi corazón se queda de sal
cada vez que vuelve la cabeza.
Eres una maldición sin escrito,
-nueve plagas, pero todas de tristeza-;
¿por qué el afecto es tan finito
y la traición, en cambio, tan eterna?
Tus ojos son el más verde de los desiertos,
puertas cerradas a heridas siempre abiertas,
cicatrices enmohecidas por ese llanto secreto
que seguirá manando hasta de tu calavera.
Se extinguen tus príncipes/hombres azules,
quema tu nombre la mano que mojara tu cabeza;
Pasa la riada de dolor que nos destruye,
mas por siempre queda el lodo de la verguenza
Tus ojos son remolinos en las arenas
de todas las civilizaciones perdidas;
despaciosas caravanas de la pena
desfilando bajo un cielo sin salida.
Conviertes en oro los espejos,
pero es un espejismo tu mirada,
repleta de despojos de sueños
como osamentas blanqueadas.
Eres una tormenta en mi voluntad,
-el pasado que no pasa, que no cesa-
mi corazón se queda de sal
cada vez que vuelve la cabeza.
Eres una maldición sin escrito,
-nueve plagas, pero todas de tristeza-;
¿por qué el afecto es tan finito
y la traición, en cambio, tan eterna?
Tus ojos son el más verde de los desiertos,
puertas cerradas a heridas siempre abiertas,
cicatrices enmohecidas por ese llanto secreto
que seguirá manando hasta de tu calavera.
Se extinguen tus príncipes/hombres azules,
quema tu nombre la mano que mojara tu cabeza;
Pasa la riada de dolor que nos destruye,
mas por siempre queda el lodo de la verguenza
