Sana y auténtica es la alegría
La gente sueña en el goce constante,
abren de par en par los corazones,
en la armonía perfecta del alma.
Cuando proyectan amor y ternura,
fuerza del agua torrente se aspira,
y las melodías de aves se sienten.
El verde amplio de prados aroma,
las frescas risas de niños alegran,
el rostro añoso de anciano paciente,
lo que rezuma a raudales la dicha.
Y nos rodea con calma y sapiencia,
en donde quiera que un soplo la alienta,
cuando se aprende y descubre en el gozo,
de las personas alegres que encuentran,
al compartir con los otros el júbilo.
La piel se contenta con besos muy tiernos,
los armoniosos sonidos complacen,
y ojos disfrutan con varios matices,
así reciben conformes los días,
aunque cuesta aceptar lo irremediable.
Tras cada sombra se oculta un destello,
que nos descubre ese lado más bueno,
siempre presente entre todas las cosas.
Dentro, muy dentro se siente ese agrado,
cuando este aflora en una sonrisa,
que pronto contagia a todas las almas.
Lupercio de Providencia
La gente sueña en el goce constante,
abren de par en par los corazones,
en la armonía perfecta del alma.
Cuando proyectan amor y ternura,
fuerza del agua torrente se aspira,
y las melodías de aves se sienten.
El verde amplio de prados aroma,
las frescas risas de niños alegran,
el rostro añoso de anciano paciente,
lo que rezuma a raudales la dicha.
Y nos rodea con calma y sapiencia,
en donde quiera que un soplo la alienta,
cuando se aprende y descubre en el gozo,
de las personas alegres que encuentran,
al compartir con los otros el júbilo.
La piel se contenta con besos muy tiernos,
los armoniosos sonidos complacen,
y ojos disfrutan con varios matices,
así reciben conformes los días,
aunque cuesta aceptar lo irremediable.
Tras cada sombra se oculta un destello,
que nos descubre ese lado más bueno,
siempre presente entre todas las cosas.
Dentro, muy dentro se siente ese agrado,
cuando este aflora en una sonrisa,
que pronto contagia a todas las almas.
Lupercio de Providencia
