La llama



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La llama

       
Asisitida por mi alma antigua, por mi alma primera al fin    recobrada, y por tanto tiempo perdida. Ella, la perdidiza, al fin volvió por mí.    Yentonces comprendí que ella había sido la enamorada. Y yo había pasado por la vida tan    sólo de paso, lejana de mí misma .Y de ella venían las palabras sin dueño que todos    bebían sin dejarme apenas nada a cambio. Yo era la voz de esa antigua alma. Y ella, a    medida que consumaba su amor, allá, donde yo no podía verla; me iba iniciando a través    del dolor del abandono. Por eso nadie podía amarme mientras yo iba sabiendo del amor. Y    yo misma tampoco amaba. Sólo una noche hasta el alba. Y allí quedé esperando. Me    despertaba con la aurora, si es que había dormido. Y creía que ya había llegado, yo,    ella, él... Salía el Sol y el día caía como una condena sobre mí. No, no todavía.

       

Zambrano, M.: Diotima de    Mantinea, en Hacia un saber sobre el alma, Madrid,
Ed. Alianza, 1989, p. 197