Ante la desdicha abrazo maldad



Poemas » nik cornejo » ante la desdicha abrazo maldad

Ante la desdicha abrazo maldad
Casi muerto, destinado al desmayo,
imploro un descanso voraz y llamativo,
mientras truenos de poderosos estruendos
no paran de tejer por sobre la cornisa azulada
una caida formidablemente fabulosa.

Corroídos, los colores del lienzo
pasan de otorgar miles de divinas alegorías
a tan sólo ser un compendio de surcos sin formas,
bocetos fanfarrones y dubitativos intentos.

Comienzo a doblegar, tan abatido,
cansadísimo de florecer,
retiro el disfraz mancillado por lluvias de piedras,
abrazo la desazón y el sucio e infértil
sistema de canales infinitos
que es el pesar, y el saberme
solo, bajo la lupa
de la ironía.

Disloco el hermoso flirteo con lo eterno,
lo asesino en un acto de conservación
pomposo e intransigente, no pudiendo creer
lo infantil y súbitamente idiota, lo tosco,
lo cancerígeno que me había convertido,
doblando en esa trampa de fauces tan bonitas y en fila,
no pudiendo ver más que ego y deseos.

Apisono el terreno para poder descansar, jugando
a no sentir, a vivir, a respirar con ganas,
y a doblar ese papel tan prolijamente
para guardarlo en un cajón donde las almas amigas,
pero no eternas, que me ofrecieron rechazos
son guardadas y tan documentadas
por miles de millones, en una cuenta
que nunca para de otorgar intereses.

Sacudo este dormido cuerpo, formo rizos
y planeo movimientos de destreza animal e instintiva,
que ya no corresponden a mí, sino a ese,
tan solo fornicador apagado sin sentidos,
que separado de su corazón inaudito
no puede acariciar ni una te-- con gusto, tan solo
observar sin sentir, sin vivir,
muerto vivo en ignorancia sentimental.

Mi castillo es una inverosímil muralla divisoria de paises,
mis soldados, dulces y tenues, fuertes contrincantes,
para aquellas las cuales tanto lucharán
por llegar hasta el núcleo de mi ser.

Mi estado actual no lo reprocho,
tan sólo hara su batalla aún mas digna,
y a ella aún mas merecedora de mis encantos
gallardos y fantasiosos, que queman parpados
y doblegan a tantos menesteres...