Publiqué un solo libro “Pleamar sur” en el 2000, en una “editorial- fraude” llamada Jamais (Sevilla). La decepción fue relativizada, quizá sería mejor decir sublimada, porque se trataba de un libro juvenil, de aprendizaje de poeta, donde estaban presentes el aprendizaje de las vanguardias clásicas y la penúltima poesía de la experiencia del momento. Y salvo algunos poemas, he renunciado a esa obra. Todavía no era mi voz, salvo en poemas sueltos del conjunto. Desde Juan Ramón, Machado, Rilke, Celan y los clásicos grecolatinos, del 27 y de los 50s he ido, según creo, edificando mi voz.
He publicado ocasionales poemas en remotas revistas universitarias, de diputaciones y en Renacimiento de Sevilla. Pero he preferido, estar al margen de polémicas entre experiencia, minimalismo, silencio, diferencia y otros membretes estilísticos y generacionales. Poesía vivida, vivible, respirable, aire nuestro, que diría Guillen, aire común. No renuncio a lo mejor de los ochenta (Mesanza, Montero, Reyes) ni los 90 (Reichman, Gallego) pero no sé muy bien que pasa en la primera década del 2000. Como decía Ortega “Nadie sabe lo que pasa y, eso, es lo que pasa”
Tengo inédito un libro unitario llamado “Plural intimo”, un extenso poema- río, algunos de cuyos poemas no me desagradan demasiado, y en el que he tratado de aunar las formulas líricas que más me interesan: la poesía como expresión y la poesía como artefacto. Una poesía imantada de vida, vivenciada y expresada en el arte. Palabra imantada.
Sus diversas secciones contienen poemas desde 1992 al presente. Yo les remito a ustedes las 4 últimas secciones (algo así como un tercio de los poemas del libro).En veinte años de escritura he procurado aunar intimidad y mundo, con el compromiso cívico de hacer buen arte, arte practicable, arte útil para el siglo XXI. No hablo de tradición, sino de tradiciones, de las que me valgo como caja de herramientas. Prefiero que mis poemas suenen porque, en el fondo, envidio al compositor musical, y la música es cotidiana en mi tierra. Desde ese compromiso, sostengo la idea de una poesía vivencial, en la cual fondo y forma son esenciales, lejos del tono confidencial anglosajón, tan de moda en los ochenta y noventa, y del orfismo hermético y misterioso, adonde nos ha traído nuestro pecado postmoderno de la perplejidad. Lo vivencial, más allá de las experiencias propias, engloba lo íntimo y lo social, incluida la cultura global en que vivimos y, según creo, en mi obra, la vivencia se plasma desde unos tonos elegiacos o celebrativos según el tema. El tema determina el tono y no al revés.
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carcoma
Rueda el cielo de la tarde
Pero aún es pronto para morir.
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