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Un sueño para perseverar - Poemas de Xiing Liu



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Categoría: Poemas de Amor
Un sueño para perseverar
Poema publicado el 17 de Abril de 2010

Soñé con ella una vez más, en una feria muy peculiar: St. Mary, San Vicente, St. George y porqué no, la Sun Yat Sen también. Todos los colegios participaban en una competencia, estaba yo sentado con mi grupo detrás de una mesa larga, esperando mi turno por participar, cuando en un segundo levanté la mirada y allí estaba ella, hablando con sus amigas como siempre.
Toda la noche busqué una forma de hablar con ella, pero cada vez que lo intentaba de igual forma fallaba, pero en un momento, logré tomarla de la mano, en ese momento nuestras miradas se entrelazaron con aquel lazo antiguo que había entre los dos, en ese exacto segundo pude sentir otra vez al aura de Eros que nos rodeaba cuando estábamos juntos. Dos segundos después nos soltamos y conversamos acerca de volver y de rehacer nuestro amor, pero lo único que logré fue que se enojara, y me diera la espalda, pero en un intento desesperado le tomé del brazo para que me mirara y nuestras miradas se entrelazaron nuevamente, pero ésta vez todo el mundo desapareció, y en ese momento nos besamos; un beso que me recordó todos esos momentos en que la felicidad nos colmaba, y que las rosas mas marchitas del mundo volvían a florecer, fue entonces que logré hacerla entender que todo este tiempo separados fue en vano, porque aunque ese sentimiento estuviese en el fondo de nuestros corazones, aún seguíamos amándonos, después nos abrazamos tan fuerte, que nos hizo entender que igualmente de fuerte sería nuestro lazo, hasta la muerte. En esos momentos lo único que pasaba por mi mente era que todo este tiempo había esperado ese momento, que toda mi vida la viví por ella, y que al final valió la pena porque nuevamente la tenía en mis brazos, y esta vez todo iba a ser diferente ya que no había nada ni nadie que nos separaría esta vez. Nos tomamos de la mano y corrimos; corríamos dejando todo atrás no nos importaba nada, sólo que estábamos juntos, seguíamos corriendo sin pensar, sin detenernos, con la única meta de no volver a separarnos.
Pero de repente un estruendo se escuchó y nos detuvimos, un auto al lado nuestro con un vidrio roto, luego se escuchó otro estruendo, y como un loco busqué donde había dado esa bala, miré hacia atrás y miré hacia delante, pero cuando miré a mi lado estaba ella en el piso inconsciente con un pequeño orificio manchado de rojo que sobresalía en su camisa, no creía lo que veía, toda mi vida esperando ser feliz y una bala perdida me había arrebatado lo que yo más quería en la vida, la miraba y gritaba: ¡Auxilio! ¡Auxilio!
Pero nadie escuchaba, la cargué en mis brazos y corrí buscando un hospital, por suerte o por desgracia llegué a una autopista y un automóvil se detuvo, un hombre mayor se bajó y me preguntaba que le pasaba, le expliqué lo sucedido y él la examinó, era un doctor me había mencionado. Eso me alivió un poco, pero entonces él se dio la vuelta y con una expresión de decepción me dijo: “Nada puedo hacer”, lo siguiente que escuché fue algo de glóbulos rojos, pero no entendí que quiso decir; sólo dijo esto y se marchó. No lo podía creer, las lágrimas llovían de mis ojos, toda mi vida siguiendo una esperanza y en ese momento lo había perdido todo, me harté de la situación, enloquecí totalmente, la volví a cargar en mis brazos y corría por la calle gritando: “Ayuda, ayuda, tomen todo lo que necesitan de mí pero por favor ayúdenla a ella, daría mis venas, mi sangre, mi corazón, pero no la dejen morir” gritaba una y otra vez, las personas me veían y nada me decían ni tampoco me ayudaban.
Luego cerré los ojos, y al abrirlos estaba recostado en una camilla y veía luces blancas, algunas personas a mi alrededor, y ella estaba allí, recostada también en una camilla a mi lado, no dejaba de mirarla, hasta cuando moría era bella, no lo podía creer, volví a cerrar los ojos, al volverlos a abrir, aún estaba en la camilla, me sentía débil, cansado, estaba muriendo, pero no me importaba, ella seguía a mi lado, mire a mi lado y ella aún seguía allí, recostada, dormida. Volví a parpadear pero ésta vez todo fue diferente, lo único que vi fue a ella abriendo sus ojos lentamente, y mi visión se opacaba poco a poco hasta que todo se volvió totalmente oscuro.
Traté de mirar entre la oscuridad, y no lograba nada, intentaba abrir los ojos, pero los sentía pesados, seguía intentando hasta que por fin logré abrirlos, fue entonces que sentía mi alma elevándose en aquella habitación, veía mi cuerpo en una camilla, a todos los doctores gritando desesperados intentando revivirme, pero lo que no sabían era que mi esencia ya no estaba allí, entre toda la conmoción vi la camilla adyacente, y la vi a ella intentando ponerse de pie, buscando observar que me había pasado, fue la única vez que la vi triste, y lloraba, pero ya no quedaba nada más para mi en aquel lugar.

Entregué mi vida buscando su corazón, logré lo que parecía una meta imposible, que era de volver junto a ella; en unos minutos la volví a perder, y por última vez, volví a entregarle mi vida, para que ella me mirara una vez más, y no me importa cuantas veces más tenga que darle mi vida para que ella pudiera, aunque sea, pensarme un segundo más.
 
“La desesperación no lleva a nada; pero perseverar por algo que ames, sin importar que tengas que dar a cambio,
Todo esto lo vale”


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