Al arbol florido
Cómo ha cambiado tu rostro,
pequeño árbol florido.
Hace unos días estabas,
como apagado y mohino,
solo, con tus secas ramas,
con aspecto muertecino;
sin nada, ni hojas ni flores,
pasabas inadvertido.
Hoy estás hermoso y bello,
pequeño árbol florido,
y eres la envidia de todos,
de todos tus convecinos.
Da gusto verte, pequeño,
lleno de luz, colorido,
lleno de encanto y de lujos,
mi pequeño y gran amigo.
¡Qué bien te ha vestido el cielo!
¡Vaya traje que ha escogido
para cubrirte los huesos,
como si fuera un abrigo!
Para que seas la envidia
del que va por el camino,
el cielo te ha puesto hermoso,
te ha vestido con cariño.
Las afanosas abejas,
te tratan ahora con mimo.
Antes pasaban de largo,
viendo tu cuerpo tan frío;
y ahora acuden, contentas,
a visitar los postilos
de tus lindas florecillas,
y sacarles el zumillo
dulce y sabroso que guardan
en su interior, escondido.
Luego crecerán tus hojas;
y los leves pajarillos
colgarán de tí sus casas,
construirán sus bellos nidos
en el cruce de tus ramas,
quedando preciosos, lindos.
Cuando pase un poco tiempo,
de nuevo el cielo querido,
dándote un gracioso beso,
como si fuera tu amigo,
te adornará con sus frutos,
que se quedarán contigo
hasta el próximo verano,
como un regalo divino.
Eres una maravilla,
pequeño árbol florido.
Cómo ha cambiado tu rostro,
pequeño árbol florido.
Hace unos días estabas,
como apagado y mohino,
solo, con tus secas ramas,
con aspecto muertecino;
sin nada, ni hojas ni flores,
pasabas inadvertido.
Hoy estás hermoso y bello,
pequeño árbol florido,
y eres la envidia de todos,
de todos tus convecinos.
Da gusto verte, pequeño,
lleno de luz, colorido,
lleno de encanto y de lujos,
mi pequeño y gran amigo.
¡Qué bien te ha vestido el cielo!
¡Vaya traje que ha escogido
para cubrirte los huesos,
como si fuera un abrigo!
Para que seas la envidia
del que va por el camino,
el cielo te ha puesto hermoso,
te ha vestido con cariño.
Las afanosas abejas,
te tratan ahora con mimo.
Antes pasaban de largo,
viendo tu cuerpo tan frío;
y ahora acuden, contentas,
a visitar los postilos
de tus lindas florecillas,
y sacarles el zumillo
dulce y sabroso que guardan
en su interior, escondido.
Luego crecerán tus hojas;
y los leves pajarillos
colgarán de tí sus casas,
construirán sus bellos nidos
en el cruce de tus ramas,
quedando preciosos, lindos.
Cuando pase un poco tiempo,
de nuevo el cielo querido,
dándote un gracioso beso,
como si fuera tu amigo,
te adornará con sus frutos,
que se quedarán contigo
hasta el próximo verano,
como un regalo divino.
Eres una maravilla,
pequeño árbol florido.
