Todavía
Nos queda todavía
llorar y velar ausencias,
guardar cenizas como secretos
o depositar flores de aniversario
en el lugar de los descansos.
Nos queda todavía
algo
de la buena fe de antaño,
para afrontar, por si acaso
lo incógnito, lo insondable, lo arcano.
Nos queda todavía la palabra,
no la mayor,
sino la palabra,
la sencilla que consuela,
que ama,
que sospecha,
que batalla
y que propone.
Y aún también
nos queda todavía el valor
para llorar si es necesario
o para luchar para evitar el llanto.
Nos queda todavía
llorar y velar ausencias,
guardar cenizas como secretos
o depositar flores de aniversario
en el lugar de los descansos.
Nos queda todavía
algo
de la buena fe de antaño,
para afrontar, por si acaso
lo incógnito, lo insondable, lo arcano.
Nos queda todavía la palabra,
no la mayor,
sino la palabra,
la sencilla que consuela,
que ama,
que sospecha,
que batalla
y que propone.
Y aún también
nos queda todavía el valor
para llorar si es necesario
o para luchar para evitar el llanto.