Tengo marcado un nombre



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Tengo marcado un nombre
       

Tengo marcado un nombre               
no sé por quién, ni donde. Tengo un número
como deben tenerlo las plantas y los pájaros.               
Me llaman y respondo.
Me vuelven a llamar desde una cima,
debajo de una roca, en un bosque desierto.               
Me vuelvan a llamar desde una iglesia,
desde una sobremesa familiar, desde un amigo.               
Me vuelven a llamar desde una tumba.

              

Sé que pude ser ciervo,               
o pude ser encina, o no pasar de tierra.

              

Para decir: ya voy, tengo una voz      concreta
que no me sé escuchar porque no es mía.
Parte de mí y se esconde,               
aunque presiento que después de todo
he de volver a verla.               

              

Es fácil responder,
A veces solo basta mirar o ser mirado               
o sentirse sabido de memoria.
Puede ser suficiente
abrir los ojos, extender los brazos               
y decir: aquí estoy.

              

Contestar es vivir. Basta gritar:      ¡alerta!
La muerte debe ser
la primera llamada incontestable.